domingo, 7 de octubre de 2012

"Ha nacido La Línea de la Concepción"

 Capítulo 2º

Poco a poco, con la lentitud de un proceso normal de crecimiento, va La Línea perfilando su personalidad y su valor. Ayer era tan sólo un desierto arenoso con algunos huertecillos, muy pocos, y otras tantas barracas de miserable aspecto. Hoy es ya una ciudad de 80,000 habitantes, con calles bien trazadas y edificios señeros. Del ayer mísero al hoy espléndido ha transcurrido un espacio de tiempo que, en la vida de los pueblos, es como un relámpago. Al mismo tiempo, casi sin darse cuenta, ha batido récords de desarrollos fulminantes.

Los pueblos están sujetos a un orden evolucionario, tanto más rápido cuanto mayor es el palpitar de sus valores inherentes, como todo. Siguen las mismas alternancias e idénticos cambios impuesto por las circunstancias, unas veces con estancamientos más o menos prolongados y, otras veces, con súbitos estirones espectaculares. Por esta razón encontramos a veces pueblos adormecidos en un pasado con  olor a cadaverina, que se  empeñan en sobrevivir a un ciclo fatal.  En cambio, y con más frecuencia, descubrimos pueblos de nueva formación, briosos y de porvenir de sueño, saturados de ambiciosas esperanzas.

A los primeros solamente les queda el recuerdo de un magnífico pasado rubricado en la historia. Cosa que no es  absolutamente necesaria para mantenerse uncido al carrusel de los tiempos modernos. Pese a ello estos pueblos perduran en franca rebeldía ante la muerte.

A los segundos, les mantiene el corazón henchido de orgullo el impulso creador de las nuevas fuentes vitales, a cuyo calor nacieron. Y en tanto estas duran se van organizando más y mejor, encauzando y acrecentando su riquezas,  intensificando su desarrollo, elevando el coeficiente de superación social y organizando industrias, escuelas, instituciones benéficas, creando nuevas calles, avenidas, jardines, Iglesias, toda suerte de edificaciones, comercios, bibliotecas, museos, centros de deporte y recreos, etc....

Y este es el caso particular de  La Línea de la Concepción. Después de un nacimiento un poco enredado en los impedimentos lógicos de la zona que eligió para nacer, soportó sus primeros años una existencia aventurada por las alternativas de orden político y militar. Sin embargo, La Línea ha dado un espectacular estirón que le permite gallear un poquito presumiendo de su importancia y su valor, teniendo en cuenta que en sus arenales jamás acusaron la presencia de esos señoríos, palacios o quintas solariegas  a cuya sombra  pusieran su primera piedra.  No, nada de eso, la humilde barriada sanroqueña no tuvo padrinos con blasones, ni leyenda azul que le marcara un origen vanidoso. La Línea Nació sola, en silencio, ahogando sus quejidos en el rumoroso batir de sus mareas, ocultando su cuerpo entre dunas calcinadas por su sol semiafricano. Dunas que más tarde  convirtió en frondosos jardines, en Huertos para su sustento. La Línea sólo necesitó para nacer un rincón agradable, un cielo siempre azul, un clima de bonanza y un poco de amor. Así resultó ella: alegre como andaluza, hospitalaria como española y buena como cristiana . ¿Hay quien dé más?.


Antonio Cruz de los Santos





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