martes, 5 de febrero de 2013

Tumultos en la Aduana 23 de noviembre de 1893

 Capítulo 24



HACEN FALTA EXPLICACIONES

¿Se puede saber qué ocurre en la Aduana?

    Hace tiempo que “el Diario de La Línea” viene ocupándose de los abusos e irregularidades que se vienen cometiendo con el público, arrebatando las mercancías que en pequeñas cantidades se presentan al adeudo, si los dueños no satisfacen en el acto el importe del derecho, dándose el caso repetido de que algunos de aquellos, no teniendo la cantidad necesaria, hayan salido a buscar, prestado casi siempre, los céntimos que le faltan, y al volver a los pocos minutos a la Aduana a pagar los derechos de la exigua mercancía y recoger ésta, se les ha manifestado que no tienen derecho a reclamarla, pues está perdida.

¿Puede darse mayor iniquidad?

    Dada la angustiosa necesidad, la angustiosa situación por que atraviesa la infeliz clase obrera, arrebatarle a un hijo del trabajo el alimento que trae para su familia porque en el acto no apronta unos miserables céntimos ¡eso es vergonzoso y criminal!

   Pues bien; contra esto hemos clamado inútilmente, y con nosotros todas las personas honradas y de notables sentimientos, pero el poder de los aduaneros es omnímodo en razón inversa de sus sentimientos humanitarios.

    Y ahora viene lo más sabroso. En el Boletín Oficial de esta provincia correspondiente al 21 del presente mes aparece inserto lo siguiente:

               
ADUANA NACIONAL.-LINEA DE GIBRALTAR.- EDICTO.

Don Juan Luciano Copena y Alguegui, administrador de la Aduana de la Línea de Gibraltar.

Hago saber: Que en los almacenes de esta Aduana existen treinta kilogramos de de garbanzos, trescientos cuarenta kilogramos de azúcar, ciento ochenta kilogramos de canela de Ceilán (desperdicios) y ciento ocho kilogramos de té, procedente de abandonos, según resulta del expediente número 7, instruido en esta oficina; y con el fin de que las personas que se crean con derecho a presentar reclamaciones puedan hacerlo dentro del plazo de veinte días, contados desde el siguiente en que aparezca inserto este edicto en el Boletín Oficial de esta provincia, he dispuesto hacer público el abandono de aquellas mercancías, advirtiendo que si no se presentase persona alguna a interponer reclamación dentro del plazo indicado, se considerará como de ningún valor cualquiera que se presente una vez transcurrido el mismo.
   
    Lo que se hace público para general conocimiento.

    La Línea 11 de noviembre de 1893.
                                                                Juan Luciano Copena.

    ¿Qué quiere decir esto? ¿No habíamos quedado en que esas mercancías estaban perdidas? Se da un plazo de veinte días para que los dueños o personas que se crean con derecho a ellas se presenten a recogerlas.

    ¡Esto es irrisorio! ¿Sabe el señor Administrador quienes son los dueños de esa azúcar y de esos garbanzos? Pues todo el pueblo. Divida esos centenares de kilos en paquetes de a dos o tres onzas y espere que vaya un dueño para cada paquete a recogerlo.

    Y sobre todo ¿Cómo puede probar un individuo a quien le arrebataron la mercancía que este o aquel paquete es el suyo? Y si señala cualquiera que no le pertenezca, inadvertidamente, o con mala intención, ¿qué hará el señor Administrador cuando se presente el verdadero dueño?

    El susodicho edicto no es más que una provocación de graves conflictos y un escarnio para los infelices a quienes se despojó ayer de lo suyo.

    Además, en esta localidad puede conceptuarse como clandestino, pues el Boletín de la provincia solo se lee en las dependencias oficiales, y habiendo aquí cuatro periódicos, lo lógico y lo bien intencionado hubiera sido publicarlo en ellos para que al pueblo se enterase, si lo que se persigue es que SE ENTERE EL PUEBLO.

    Existe un cúmulo tan grande de desaciertos y abusos que es preciso combatir a sangre y fuego para que desaparezca.

    ¿Es cierto que ayer el Sr. Inspector preguntó quién presenciaba el recuento de lo que se recauda en la llamada tablilla? ¿Es cierto asimismo que el Administrador dijo que él, en compañía del Interventor y el Vista?

¿Señor Vista, es cierto todo eso? ¿Usted presencia el recuento?

    Esto no puede seguir más tiempo. El pueblo está oprimido y sufre vejaciones con el despotismo y dudoso proceder que se observa en la Aduana.

    Llamamos enérgicamente la atención de las autoridades y muy especialmente la del Sr. Alcalde, que seguramente habrá de tomar cartas en el asunto en pro de la razón y de la justicia.

    Hora es ya de que sepa el Sr. Administrador de la Aduana, que se encuentra en un pueblo civilizado, honrado, y no en una tribu de las del Riff.

EL TUMULTO DE HOY.  Acabando de escribir las anteriores líneas, recibimos un aviso en la REDACCIÓN de que en los alrededores de la Aduana se había producido un gran tumulto.

GRITOS Y PEDRADAS.  Inmediatamente nos trasladamos a dicho sitio, donde más de trescientas personas, pertenecientes a las clases necesitadas del pueblo, se encontraban en tropel dando gritos de ¡Abajo el Administrador! ¡Que es un ladrón! Y lanzando piedras contra el edificio de la Aduana.
INTERVIENE LA AUTORIDAD.  La primera Autoridad que allí vimos fue a nuestro digno Alcalde Sr. Acedo, que dirigiéndose a los grupos le exhortaba, con convincentes razonamientos, a que cesaran en su actitud hostil, prometiéndoles hacer todo lo posible por que no se repitan los atropellos y abusos de que se quejaban los manifestantes.

    A fuerza de grandes trabajos consiguió el Sr. Acedo calmar un poco los ánimos y cesó el tumulto, si bien los grupos no se disolvieron.

 ORIGEN DEL CONFLICTO.  El origen del escándalo fue el mismo que en el artículo anterior señalamos, lo cual demuestra lo fundamentado de nuestras aseveraciones.

    Parece ser que unas mujeres presentaron al adeudo varias cantidades de harina, y como el importe de los derechos nunca es igual, pues este varia según cambie el encargado del aforo, no traían aquellas la cantidad necesaria para  el pago y salieron a proveerse de más dinero. Parece que se trataba de ¡¡¡DIEZ CÉNTIMOS!!!

    Devuelta a los pocos instantes, reclamaron su harina y les manifestaron que estaba perdida. Las susodichas mujeres reclamaron y suplicaron inútilmente, haciéndolas  irritarse mucho más la altanera y desconsiderada actitud del Administrador  que no las atendió cuando se presentaron a reclamar, sino antes al contrario, como siempre, pareció gozarse con el perjuicio que ocasionaba a aquellos infelices, llegando a pagar a una causándole en el pecho una contusión.

    Salieron estas a la calle quejándose y protestando del despojo que tan injustamente habían sufrido, y una vez hecho público el suceso, irritáronse los ánimos ya predispuestos a ello por los atropellos sufridos anteriormente, y comenzaron los gritos de protesta, se arremolinó la gente y la agitación se produjo.

PROCEDER DEL ADMINISTRADOR.  Parece que, una vez dominado aparentemente el tumulto, el Sr. Alcalde pasó a ver al Administrador para ponerse de acuerdo con él y solucionar el conflicto en forma conveniente, y que este señor, no solamente dejó de hacer esto, sino que no hubo de guardar a la primera autoridad local todas las atenciones debidas.

SE REPRODUCE EL TUMULTO. Al poco rato, y cuando todo parecía ya terminado, los grupos que aun no se habían disuelto, comenzaron de nuevo a dar “mueras” y otros gritos contra el Administrador e Interventor, reproduciéndose el motín con más fuerza, pues desde los primeros momentos no cesó de acudir gente y podían contarse ya más de mil quinientas personas.

LA GUARDIA CIVIL.  Acudieron dos parejas de la Guardia Civil y un oficial de dicho Instituto, las que ayudaron al Alcalde a contener el tumulto.

FUERZA DE INFANTERIA.  En tal situación, se presentó el Sr. Comandante Militar que ordenó salieran las dos compañías del regimiento de la Reina llegadas esta mañana.

     Esta fuerza consiguió que se replegaran los manifestantes, y ocupó las puertas del edificio de la Aduana y las boca-calles inmediatas a este, en evitación de un mayor conflicto.
EL VISTA.  Al poco rato salió del edificio de la Aduana el Vista Sr. Don Juan Pérez, que es un funcionario honrado y dignísimo, gracia a cuyo tacto y buenos modales con el público ha evitado que no ocurra diariamente lo de hoy, que al no ser por la mediación del Sr. Alcalde y funcionarios que le acompañaban, acaso La Línea tendría hoy que registrar en su historia una página de sangre.

    El Vista Sr. Pérez fue aclamado por la multitud y transportado en brazos durante un gran trayecto.

    ¡Ese contraste de la actitud del pueblo con uno y otros, demuestra que el cumplimiento del deber no está reñido con la educación y el buen trato para los que además de ser contribuyentes al Estado son vecinos pacíficos, que sólo a fuerzas de sufrir vejaciones es como se les lanza a la desesperación.

PROCEDIMIENTO.  El Sr. Alcalde a demás de dar cuenta de lo ocurrido a las autoridades superiores, ha puesto el hecho en conocimiento de los tribunales con el fin de que cada cual sufra las consecuencias de las responsabilidades que hayan contraído.

    Desde luego, podemos asegurar que el pueblo de La Línea no ha dado lugar a lo ocurrido, habiendo sido provocado. Así lo demuestra el que jamás se hayan aquí registrado sucesos como los de hoy.

    No se puede continuar así y es preciso poner remedio con la urgencia que reclaman las circunstancias.

Del “Diario de La Línea” de 23 de noviembre de 1893.





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